Problemas de identidad en el Cretácico Tardío

Problemas de identidad en el Cretácico Tardío.

En los últimos días del siglo XIX, el renombrado paleontólogo Lawrence M. Lambe desenterró los huesos de un dinosaurio en las áridas planicies de Alberta, Canada. Los fragmentos de hueso pertenecían a un cráneo, pero era un cráneo de dinosaurio como nunca se había visto antes: estaba cubierto de placas óseas poligonales y protuberancias de hueso a los lados de la cabeza. Por esas características, lo llamó Euoplocephalus, que significa “cabeza bien acorazada”.

Bajo el brillante cielo azul del Dinosaur Provincial Park, donde Lambe encontrara los restos de aquél primer dinosaurio anquilosáurido descrito, aguardaban pacientemente muchos más fragmentos de hueso y coraza. En 1924, se encontró una extraña estructura con forma de mazo, que en realidad resultó ser una punta de cola: la famosa porra con la que se piensa que se defendían de los depredadores. Cuatro años después, emergió de las rocas una armadura casi completa, llena de protuberancias óseas arregladas en filas, aunque no se encontró ni cola ni cabeza alguna. Y al año siguiente, se descubrió un cráneo sin dientes algo aplastado y otros fragmentos de huesos. Los paleontólogos que descubrieron estos restos les dieron nombres distintos: Dyoplosaurus, Scolosaurus y Anodontosaurus. Todos ellos se encontraron en los estratos pertenecientes al Cretácico Tardío, y en las mismas áreas que Euoplocephalus. Era inusual hallar tantas especies del mismo tipo de dinosaurio en el mismo período geológico, pero la extrañeza se pasó por alto y los ejemplares se catalogaron y enviaron a museos en diferentes países.

Ahora bien, esas extrañezas desapercibidas no duran mucho en la ciencia, y así las cosas, Edward Coombs alzó la ceja en 1978 cuando tuvo enfrente tantos restos de especies diferentes que en realidad se parecían mucho. En su tesis doctoral, convirtió esas cuatro especies de anquilosáuridos en una sola, Euoplocephalus (la primera en llegar siempre gana), con el argumento de que no se podían estar inventando nuevas especies a diestra y siniestra sólo porque los ejemplares eran ligeramente distintos. “Recuerden que cada individuo es único, señores,” parecía decir su argumento.

A pesar de lo tajante y autorizada que pueda parecer una afirmación científica, siempre debe haber alguien en el fondo de la sala que entrecierre los ojos y diga “¿y qué tal que no?” De otro modo, la ciencia se detiene. Con esto muy en claro, Victoria Arbour, estudiante postdoctoral de la Universidad de Alberta, cuestionó el argumento de Edward Coombs. Mientras hacía su tesis de maestría, observó que las porras de la cola de los anquilosáuridos que supuestamente pertenecían a la misma especie eran muy diferentes entre sí. “¿Eran todas la misma especie? ¿Acaso estaba viendo cambios ontogenéticos [en el desarrollo]? ¿Acaso simplemente las porras de la cola de Euoplocephalus son considerablemente variables?”, se preguntó Victoria. Así que se embarcó en una empresa ardua para tratar de desentrañar este misterio.

A lo largo de cuatro años, Victoria viajó a siete ciudades para visitar museos de historia natural y poder fotografíar y analizar decenas de ejemplares fósiles con una minuciosidad exasperante. Observó de cerca cualquier diferencia en las porras de las colas y en las placas óseas de los cráneos. “Fue muy divertido visitar todos esos interesantes museos, pero puede llevar mucho tiempo terminar un proyecto como este”, narra en su blog. Sin embargo, al final su trabajo dio frutos y pudo probar que las cuatro especies de anquilosaúridos encontradas en los estratos del Dinosaur Provincial Park son efectivamente cuatro especies, y no sólo Euoplocephalus. En paleontología, a esto se le llama “resucitar especies”.

Así que la pregunta inicial sigue en el aire: ¿cómo es que coexistían estas cuatro especies tan similares en una zona tan restringida? ¿Comían lo mismo? ¿Huían de los mismos depredadores? ¿Hacían fiestas salvajes de anquilosáuridos a las que no invitaban al Stegosaurus?

Lo cierto es que muy probablemente los Euoplocephalus, Anodontosaurios, Dyoplocephalus o Scolosaurus que erraban por las selvas de lo que ahora es Alberta, Canadá, no tenían problemas de identidad. Si acaso en el futuro viniera otro paleontólogo a darles otro nombre, ellos seguirán viviendo seguros de sí mismos en su pasado, completamente ajenos a las discusiones que suscitan en el presente.

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Imagen de arriba tomada de: http://www.kako.hr/clanak/zanimljivosti-o-kanadi-504.html

La ilustración del Euoplocephalus es de Brett Booth © Canadian Museum of Nature.

Las porras son tomadas del artículo de Victoria, publicado este mes en PLoS ONE: http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0062421

Y aquí la liga al blog personal de Victoria Arbour, centrado en los dinosaurios anquilosáuridos: http://pseudoplocephalus.blogspot.mx/

via Tumblr http://historiascienciacionales.tumblr.com/post/51397382001

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