Olvídese de brujerías y amarres, tenemos la verdadera poción de…

Olvídese de brujerías y amarres, tenemos la verdadera poción de la pareja vitalicia

Si usted está buscando un macho que esté con usted el resto de su vida y que juntos formen una familia, pare de sufrir: un grupo de científicos de la Universidad Estatal de Florida, Estados Unidos, encontró las bases bioquímicas para que su sueño se haga realidad. Por primera vez demostraron que el apareamiento induce modificaciones químicas permanentes en los cromosomas, afectando así la expresión de genes que regulan el comportamiento sexual y monógamo.

Estudios anteriores han demostrado que los neurotransmisores oxitocina y vasopresina tienen un papel protagónico en inducir y regular la relación de pareja. Debido a que el comportamiento parecía jugar un papel activo en cambiar la neurobiología de los animales, los científicos hipotetizaron que en este caso también están involucrados factores epigenéticos (esto eso, modificaciones químicas en los cromosomas que afectan la expresión o represión de los genes).

Lo que estos investigadores hicieron fue tomar roedores de la pradera (Microtus ochrogaster) porque forman relaciones monógamas de por vida; esto los hace un buen modelo de estudio para comprender la biología de la monogamia y extrapolarlo a humanos, por ejemplo. Colocaron a parejas de roedores juntos por seis horas, pero se aseguraron de que no se reprodujeran. Posteriormente, les inyectaron sustancias (entre ellas, oxitocina y vasopresina) al cerebro, muy cerca de una región llamada núcleo accumbens, que está asociada con el reforzamiento de la recompensa y el placer. Lo que sucedió fue que las sustancias inyectadas bloquearon la actividad de una molécula que normalmente mantiene al DNA enrollado y, por tanto, que no permite que los genes se expresen. 

Con esto, los investigadores observaron que los genes que codifican para los receptores de la vasopresina y la oxitocina se expresaron, lo que promovió que el núcleo accumbens presentara altos niveles de éstos. El resultado es similar a lo observado en ratones que sí se aparearon, lo que confirma el enlace entre la actividad genética (específicamente mecanismos epigenéticos) y la formación de relaciones. Este trabajo abre la puerta para entender cómo factores epigenéticos afectan el comportamiento social –además de la monogamia- por ejemplo, en la esquizofrenia o en el autismo.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. La inyección por sí misma no puede inducir los cambios moleculares, es decir que se necesita el contexto: la droga más la convivencia.

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Aquí pueden encontrar el artículo original. 

Aquí pueden encontrar la nota de Nature. 

Imagen: una pareja de Microtus ochrogaster con sus crías. Tomada de la nota de Nature.

via Tumblr http://historiascienciacionales.tumblr.com/post/52062548027

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