El hombre que se emborrachaba sin consumir alcohol

El hombre que se emborrachaba sin consumir alcohol

Un hombre de 61 años entra a la sala de emergencias de un hospital en Texas, Estados Unidos. Trastabillándose a su paso, llega a la recepción y se queja de fuertes mareos. Las enfermeras de turno, acostumbradas a este tipo de casos, se apresuran a realizarle una prueba de alcoholemia.

Los resultados ofrecen una lectura de 0.37% de alcohol en la sangre, los mismos niveles promedio de una persona de 70 kg que ha ingerido trece cervezas en menos de una hora. Obviando su respuesta, las escépticas enfermeras le preguntan al hombre si ha ingerido alguna bebida alcohólica. “Hoy no he ingerido una sola gota de alcohol”, responde. “Al menos hubiera inventado una buena excusa”, piensan ellas. 

Lo cierto es que aquel hombre se emborrachaba de pronto a cualquier hora y en cualquier lugar. Su esposa, consternada, incluso había comprado un alcoholímetro y agendado citas con varios médicos. Sin encontrar respuesta al problema del hombre alcoholizado, los mismos doctores comenzaron a apodarlo “bebedor de clóset”.

Sin embargo, el caso llegó a los oídos del gastroenterólogo Justin McCarthy y de la investigadora Barbara Cordell. Interesados, aceptaron descifrar el problema que aquejaba al paciente sexagenario: buscaron entre sus pertenencias con el objetivo de encontrar alcohol y, al resultar futil su búsqueda, lo aislaron por 24 horas. Le proporcionaron alimentos ricos en carbohidratos al mismo tiempo que monitoreaban sus niveles de alcohol en la sangre cada cierto tiempo.

Unas horas después, sus niveles de alcohol despuntaron y el hombre se encontraba borracho de nuevo. Los investigadores, por su parte, habían encontrado al culpable: Saccharomyces cerevisiae, el mismo hongo que utilizamos para obtener fermentos como la cerveza y el vino. Este organismo se alimenta de carbohidratos y libera alcohol como deshecho.

Una sobreabundancia de este hongo microscópico era responsable de que, cada vez que el hombre consumía carbohidratos en la pasta, pan y otros alimentos, una dosis tremenda de alcohol comenzara a fluir en su torrente sanguíneo. ¡Su tracto intestinal fungía como su propia y exclusiva cercvecería móvil! Tan sonado fue el caso que los médicos lo reportaron como “síndrome de la auto-cervecería” (en inglés, auto-brewery syndrome).

Aunque un tratamiento con fungicidas y una dieta baja en carbohidratos fueron suficientes para aliviar al bebedor de clóset, la causa de este síndrome es desconocida hasta la fecha a causa de los contados casos reportados. 

Así pues, si te emborrachas sin haber consumido una sola gota de alcohol, recuerda que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

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El gif de esta nota es de lanción de los Artic Monkeys “Why’d you only call me when you´re high?

Fuente en National Public Radio (NPR)

Artículo que reporta el caso de estudio en el International Journal of Clinical Medicine, disponible en Scientific Research (libre acceso)

via Tumblr http://historiascienciacionales.tumblr.com/post/61908835233

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