El apéndice, no tan inútil como se pensaba

El apéndice, no tan inútil como se pensaba

/ “Sólo sirve para infectarse” dijo el doctor cuando le pregunté que para qué servía el apéndice que estaban a punto de sacarme. Yo tenía la idea de que el apéndice es una estructura vestigial en los seres humanos. Esto quiere decir, un órgano que en el pasado evolutivo servía de algo a nuestros ancestros, pero que actualmente no realiza ninguna función en nuestra especie. La razón de que se sigan conservando estructuras vestigiales como lo sería el apéndice es que no ha ocurrido ninguna mutación que las haga desaparecer. Las estructuras vestigiales son citadas frecuentemente como pruebas de la evolución, pues muestran cómo, únicamente por herencia, existen ciertos rasgos que incluso llegan a estorbar; por ejemplo, los huesitos de lo que alguna vez fueron patas en las serpientes (herencia de su pasado como lagartijas) y las muelas del juicio en los humanos.

La idea de que el apéndice es una estructura vestigial viene de Darwin, quien en su libro The Descent of Man (traducido al español como El origen del hombre) elaboró una hipótesis sobre este órgano, el cual no parece tener una función clara más que, como dijo mi doctor, infectarse. Según Darwin, nuestros ancestros, que se alimentaban principalmente de hojas con alto contenido en celulosa, requerían de bacterias que les ayudaran a digerir tanta fibra. Estas bacterias se alojan en el cecum, que es una parte del intestino que en los humanos es muy pequeña, pero que en otras especies con dietas altas en celulosa es grande. En algún momento nuestros ancestros cambiaron a una dieta con menor contenido en hojas y mayor contenido en frutas. Este cambio “liberó” al cecum de su función y, por lo tanto, los cambios que le ocurrieran a éste no serían problema para nuestros ancestros. Según Darwin, el cecum comenzó a encogerse y plegarse, y uno de estos pliegues es el apéndice. Sería, como ya he dicho sobre las muelas del juicio, un daño colateral de la evolución. La hipótesis de Darwin sobre el apéndice ha sido muy popular, y se utiliza incluso como ejemplo clásico de una estructura vestigial.  

Pero resulta que los humanos no somos los únicos que tenemos apéndice. Según un estudio del año pasado sobre la evolución de este órgano, realizado por un grupo internacional de científicos, hay al menos 50 especies de mamíferos que poseen una colita o pliegue que sale del intestino, es decir, un apéndice. Además, se sabe que el apéndice está formado por un tipo especial de tejido linfático que promueve el crecimiento de bacterias benéficas para el intestino, y que podría jugar un papel en la respuesta inmune, especialmente en bebés y niños. Basados en esto, los investigadores de este estudio elaboraron una nueva hipótesis sobre la función del apéndice, donde éste es una “casa de seguridad” para bacterias intestinales benéficas, a donde irían a refugiarse cuando hay una infección de bacterias dañinas, para salir de nuevo cuando la infección ha pasado, y poblar de nuevo al intestino.

Los investigadores involucrados en el estudio se preguntaron, ¿de verdad el apéndice será un órgano vestigial asociado a la dieta y digestión? ¿O es un órgano útil (adaptativo) asociado a la respuesta inmune? Para responder a esta pregunta, utilizaron la filogenia (el modelo de las relaciones evolutivas entre especies) de 361 mamíferos, incluyendo los que tienen apéndice, e hicieron análisis para determinar cuántas veces ha surgido esta estructura en la historia evolutiva de los mamíferos. Cuando una estructura o estructuras con función similar aparecen de manera independiente en varios linajes que experimentan una misma presión ambiental, se sugiere que estas estructuras son adaptaciones, ya que es como si se hubiera encontrado la misma solución ante el mismo problema varias veces sin ser copiada.

Los resultados de estos investigadores muestran que el apéndice ha surgido independientemente de 32 a 38 veces en diferentes grupos de mamíferos. Trataron de correlacionar su aparición con cambios en la dieta de estos grupos, pero no hay un patrón claro, y, en la mayoría de las especies, no existe tal correlación. Tampoco existe correlación entre el encogimiento del cecum y la aparición del apéndice; de hecho, es lo contrario: la presencia del apéndice está correlacionada positivamente con el tamaño del cecum y del colon. Esto refuta la hipótesis de Darwin. Sin embargo, Darwin no tenía idea de que otros mamíferos, además de humanos y simios, tenían apéndice, por lo que su hipótesis fue construida únicamente para estas especies. En este grupo sí existe correlación entre la reducción del cecum y la aparición del apéndice, y también con el cambio de dieta.

A pesar de que esta correlación exista, a la luz de los datos es muy probable que el apéndice, al menos en algún ancestro de los homínidos, sí tuviera una función adaptativa relacionada con el sistema inmune, probablemente como escondite durante tiempos de guerra para bacterias benéficas. Esto tiene sentido, pues la posición anatómica del apéndice lo deja fuera del camino de la digestión, que es precisamente lo que provoca que se infecte con facilidad, pues se acumulan desechos de comida y materia fecal. Sin embargo, la historia evolutiva del apéndice humano todavía no es muy clara, pues los datos no resuelven completamente la duda de sin en humanos esta función inmunológica es imprescindible, o de si el apéndice está probablemente en camino a ser completamente vestigial. En lo que se resuelve el misterio, yo optaría por no mencionarlo como ejemplo clásico de estructura vestigial, y si fuera médico, tampoco desdeñaría tanto a este órgano.

Aunque, siendo sincera, yo no lo extraño para nada.

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Esta es la tercera colaboración de Alejandra Ortiz para Historias Cienciacionales. Apasionada de los gatitos, los pugs, la divulgación de la ciencia y los procesos evolutivos, Alita también maneja su propio blog llamado “Víctimas sentimentales de la evolución”, donde pueden leer este artículo completo. ¡También síganla en su Twitter!

Aquí el artículo sobre el apéndice en mamíferos, coordinado por Heather F. Smith y publicado en la revista Comptes Rendus Palevol en agosto de 2013: http://ift.tt/SqGa1H

Aquí la primera colaboración de Alejandra Ortiz Medrano para Historias Cienciacionales, en la que habla de las muelas del juicio, otro daño colateral de la evolución: http://ift.tt/SqGa1I

Aquí el blog personal de Alejandra: http://ift.tt/1geJ5S5

Aquí su Twitter: http://ift.tt/1daPMoq

En la imagen, una ilustración del apéndice (aislada a la derecha de la lámina) de Leonardo da Vinci. Tomada de este sitio: http://ift.tt/1s8OP57

via Tumblr http://ift.tt/SqG8aa

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