Ciencia hecha en casa: crece la producción científica…

Ciencia hecha en casa: crece la producción científica en Sudamérica 

/ El rumor se esparció como llevado por el viento, y muy pronto Diego Croci estuvo en boca de todos los habitantes de San Andrés de Giles. El pibe, que en su infancia fantaseaba con coches voladores y robots inteligentes, había dejado su ciudad natal hacía ya ocho años para licenciarse en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional de Río Cuarto, pero ahora regresaba para recibir homenaje de su gente. “Algo tiene que ver con el cáncer lo que hizo ese Diego”, murmuraban los gilenses. “Algo grande”.

En febrero de este año, la revista estadunidense Cell dedicó su portada a una investigación argentina dedicada a descubrir la naturaleza de uno de los mecanismos de resistencia tumoral de ciertos tipos de cáncer. El estudio, realizado en ratones, trata de responder porqué existen tumores que no responden a las terapias existentes. Tras su publicación, la presidenta Cristina Fernández invitó a su despacho a los científicos responsables para charlar con ellos y reconocer la importancia de su trabajo. En el pequeño grupo se encontraba Diego Croci, autor principal. De cabello despeinado y barba dispareja, Diego sabe lo difícil que resulta ser científico en su país por la falta de recursos. “Pero la ciencia está creciendo en Argentina. Estamos luchando desde atrás y eso nos hace fuertes, creativos e innovadores”, dice el joven investigador.

Como en Argentina, donde el número de científicos en la industria aumentó de 7.200 en 2003 a 12.300 en 2012, la ciencia parece repuntar en otros países sudamericanos (a excepción de Venezuela, la única nación cuya producción científica está en declive). Es verdad que aún falta recorrer un largo y sinuoso camino para llegar a un mejor futuro –de acuerdo con datos del Banco Mundial, el porcentaje promedio de PIB que Sudamérica invierte en investigación y desarrollo es de apenas 0.3%–, pero los científicos ya comienzan a contribuir a la construcción de una economía basada en el conocimiento.

Quien lleva la batuta es sin duda Brasil, cuyo gobierno ha invertido a lo grande en ciencia y educación durante la última década. Esto no significa, sin embargo, que el presupuesto se reparta de manera equitativa entre los estados brasileños: de todas las agencias regionales, la Fundación de Investigación de São Paulo se lleva la mayor parte, y es por ello que varios científicos se ven obligados a encontrar otras fuentes de ingreso que financien su trabajo o a salir del país para encontrar nuevas oportunidades. Tal es el caso de Fernando Codá, quien fundó una línea de investigación en su país sobre el análisis de geometría diferencial. Fernando ha trabajado durante 11 años en el Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada, en Río de Janeiro, pero decidió aceptar un puesto de investigador en la Universidad de Princeton. “Aún así, mi relación con Brasil es muy fuerte y espero contribuir con mi país desde el extranjero”, explica.

A casi cuatro mil kilómetros de distancia, en Santiago de Chile, se encuentra el laboratorio de Claudio Hetz. De apenas 38 años, este investigador chileno no quiere quedarse quieto: desde 2007, ha publicado más de 75 artículos especializados y ganado numerosos premios. Su trabajo ha sido reconocido no sólo por sus colegas, sino también por la prensa. Acostumbrado a la atención de los medios, Claudio la adjudica a su línea de investigación: las enfermedades raras, como la de Creutzfeldt-Jakob, que afectan a una de un millón de personas. Pero más allá de las enfermedades, su principal objetivo es “comprender cómo la célula integra información sobre su estado de salud y decide si reparar el daño o autodestruirse”. De lograrlo, esto podría generar estrategias de tratamiento que después se conviertan en patentes. Así se sumaría a una creciente tendencia de Chile, país sudamericano donde se ha otorgado el mayor número de patentes durante los últimos años.

Es un momento emocionante para la ciencia en países sudamericanos. Si bien se necesita más presupuesto e infraestructura, lo que les falta en cantidad a los científicos, lo recompensan en calidad. Diego, Fernando y Claudio son apenas tres ejemplos que demuestran que la ciencia hecha en casa puede ser también de primer mundo.

Y que además sabe mucho mejor.

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[Ilustración de Jasiek Krzysztofiak, tomada de la fuente].

Esta historia cienciacional está basada en el último número de la revista Nature, dedicado a la ciencia en Sudamérica. Pueden leerlo completo aquí (en inglés).

Pueden consultar los datos del Banco Mundial sobre ciencia y tecnología en este enlace.

Los testimonios reproducidos aquí se recopilan, junto a muchos otros, en un artículo realizado por Juan Pablo Garnham y Aleszu Bajak para LatinAmericanScience.org

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