Lo más cienciacional del 2014 según Nature y Science – I de V /…

Lo más cienciacional del 2014 según Nature y Science – I de V

/ En los días que restan de este año, y tal como hicimos el año pasado, les compartiremos algunas de los avances y acontecimientos más importantes del año en la ciencia según las revistas Nature y Science. Esta colección de historias, algunas de las cuales también fueron cubiertas por este equipo cienciacional, representa una variada muestra de la ciencia moderna. No sólo se trata de avances teóricos o descubrimientos importantes. También están incluidas historias que muestran la importancia de la ciencia en temas de interés público, como la salud pública global. Hay también historias sobre avances tecnológicos que hace poco sonarían a ciencia ficción. Y, finalmente, hay historias que aleccionan sobre la forma en que funciona la ciencia y la importancia de que el público se entere de ello.

Iniciamos este recuento, precisamente, con dos historias de ese tipo: la señal más vieja del universo que probablemente es sólo polvo cósmico y un fiasco con células madre que causó artículos retractados, deshonras grupales y, posiblemente, el suicidio de un investigador prestigiado.

[Aquí puedes leer la selección de Nature y aquí la de Science]

Una sonada lección sobre como sí hacer ciencia desde un telescopio en la Antártida

En marzo de este año, un equipo liderado por John Kovac, del Centro de Astrofísica Harvard Smithsonian, anunció en conferencia de prensa que probablemente habían detectado polarización de modo B en la Radiación de Microoondas Cósmica de Fondo. Esto significaba que la inflación sucedida en los primeros fragmentos de segundo del universo, sólo momentos después del Big-Bang, habría generado ondas gravitacionales. Estas ondas serían una gran evidencia empírica para la teoría del Big-Bang, pero también inaugurarían una nueva era en la cosmología, en palabras de los autores del estudio, que habían usado un telescopio enclavado en la Antártida, llamado BICEP2. Se habló de un premio Nobel, se habló de la reconciliación entre la física cuántica y la gravedad, se dijeron palabras llenas de emoción, se mostraron videos de científicos conmovidos hasta las lágrimas.

Sin embargo, para septiembre, una pequeña sospecha que había surgido en algunos científicos creció hasta convertirse en una decepcionante realidad. Datos provenientes del telescopio espacial Planck, dedicado precisamente a analizar la Radiación de Fondo, mostraban que los resultados del BICEP2 probablemente sólo reflejaban la interacción del polvo cósmico con la Radiación de Fondo. Es decir, no eran una evidencia sólida de la existencia de las ondas gravitacionales, sino solamente “ruido” en los datos. Por supuesto, vinieron críticas, pero éstas se centraban principalmente en la forma en que el equipo de Kovac manejó el anuncio de sus resultados. Realmente no habían hecho mal las cosas en su estudio; su problema es que se adelantaron a evaluar su impacto y su verdadera relevancia. El próximo año, los equipos de ambos telescopios, Planck y BICEP2, realizaran en conjunto un análisis de todos los datos, con lo cual pondrán mayor certeza a la probable existencia de las elusivas ondas gravitacionales.

Este pequeño traspiés en la cosmología nos enseña que el revuelo mediático que causó el trabajo del BICEP2, subida y caída incluidas, no hubiera sido tan intenso si el público estuviera más en contacto con los métodos de la ciencia. Todo trabajo debe soportar el escrutinio de otros expertos en el tema, pero incluso cuando lo supera, los resultados no son inamovibles. Precisamente, la ciencia se trata de avanzar cuestionando lo que se da por hecho. En menos de un año, estos datos provenientes de la Antártida nos enseñaron precisamente eso y, lo mejor de todo, es que ocurrió a la luz pública.

Aquí puedes leer nuestra cobertura del anuncio, y la del desmentido. También te recomendamos el texto del blog amigo nuestro “Conexión Causal” (parte de la Red Latinoamericana de Blogs de Ciencia), por nuestro colega Jorge Díaz, astrofísico chileno.

Una severa lección sobre cómo no hacer ciencia desde una isla de Japón

Si fuera posible manipular a una célula de retina para convertirla de nuevo en una célula madre sin modificar directamente su ADN ni su expresión de genes, podríamos obtener eficaz y rápidamente células madre para distintas terapias médicas, y quien sabe qué otros avances científicos. Por eso es que el estudio liderado por la joven científica Haruko Obokata (en la foto de arriba), publicado en enero en la revista Nature, fue considerado un avance importantísimo en el campo de las células madre: el equipo había logrado reprogramar células diferenciadas de ratón en células madre sólo con un estímulo ambiental estresante; un método increíblemente sencillo Sin embargo, el escrutinio de la comunidad científica pronto mostró que el estudio era un fraude.

Luego de que varios laboratorios en todo el mundo no lograran reproducir los resultados de Obokata y sus colegas, algo comenzó a oler mal. En julio salió a la luz que Obokata, que laboraba en el Instituto RIKEN, uno de los más prestigiosos de Japón, había manipulado algunas imágenes del artículo y había plagiado fragmentos de su texto, según se supo por una investigación interna de su instituto. Estas dos cosas bastaron para que Nature aceptara que los autores se retractaran de los artículos en julio. Luego de un episodio de severa deshonra para los directivos del Instituto RIKEN, que pidieron disculpas públicamente, Yoshiki Sasai, uno de los coautores del estudio, supervisor de Obokata y un prestigioso científico del campo, se suicidió en agosto en uno de los pasillos de su centro de trabajo. En septiembre, se reveló que varios de los revisores del manuscrito original de Obokata recomendaron no publicarlo, por considerar que la evidencia experimental no soportaba las conclusiones.

Esta severa historia ilustra dos aspectos de la ciencia contemporánea: que en la búsqueda de publicar sus resultados y obtener dinero para financiamiento algunos científicos son capaces de engañar, y que ese engaño probablemente no superará el escrutinio de la comunidad científica general, mucho menos cuando se trate de resultados que pueden ser relevantes para múltiples campos. Cierto, es posible que haya otros resultados fraudulentos en las revistas científicas que aún no han sido expuestos, debido a que no tuvieron tanta cobertura de los medios. Sin embargo, es de esperar que el trágico final del trabajo de Obokata sea un aliciente para que ningún otro miembro de la comunidad científica vuelva a cometer fraude, pues así no es como se debería hacer la ciencia.

Aquí te dejamos una cobertura del tema, que realizamos en abril, justo en medio de la polémica. 
 Y un resumen del caso en la revista ScienceNews (en inglés).

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[Las imágenes fueron tomadas de este y este sitio respectivamente.]

via Tumblr http://historiascienciacionales.tumblr.com/post/106376286216

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