La ridícula idea de no volver a verte“Salías, tenías prisa, yo…

La ridícula idea de no volver a verte

“Salías, tenías prisa, yo me estaba ocupando de las niñas, y te marchabas preguntándome en voz baja si iría al laboratorio. Te contesté que no lo sabía y te pedí que no me presionaras. Y justo entonces te fuiste; la última frase que te dirigí no fue una frase de amor y de ternura. Luego, ya sólo te vi muerto”.

Estas son unas líneas que Marie Curie escribió en su diario el 30 de abril de 1906, dos semanas después y hace casi cien años de que su esposo, Pierre Curie, falleciera en un accidente fatal.

Marie conoció a Pierre como resultado de una serie de eventos. El primero fue que ella comenzó a estudiar la universidad en París, debido a que en su país natal, Polonia, las mujeres tenían prohibido acceder a niveles educativos superiores. De hecho, ella y una de sus hermanas estudiaron por un tiempo en una escuela que enseñaba a opositores del gobierno en turno y a mujeres de forma clandestina. Después de ahorrar dinero trabajando como profesora particular, se fue a París. Conseguir los títulos de física y matemáticas fue difícil, pues se sabe que le faltaba el dinero para comer bien e incluso para calentar su habitación durante el invierno. Era tanto así, que incluso una vez para intentar dormir se puso encima toda la poca ropa que tenía, e incluso una silla para que el peso le reconfortara un poco por el esfuerzo.

Ya con los dos títulos en ciencia, Marie buscaba comenzar con una investigación que necesitaba de un espacio grande, por lo que le pidió a un científico que le ayudara a conseguir esto. El amigo la contactó con Pierre Curie, quien trabajaba en un laboratorio modesto, pero aceptó la integración de Marie. La pasión y el gran interés que Marie tenía por la ciencia hizo que Pierre cayera enamorado de ella y, después de un año de conocerla, le pidió matrimonio, situación que ella rechazó porque su deseo era regresar a Polonia a enseñar todo lo que había aprendido en París. Para su mala fortuna, la Universidad de Cracovia le negó una plaza por ser mujer, por lo que Pierre la convenció de volver a París para continuar estudiando y, claro, casarse.

Tras casi once años de matrimonio y un premio Nobel compartido, los Curie se enfrentaron a un episodio funesto. Hace casi cien años, Pierre salió de una reunión con unos colegas y se dirigió hacia su laboratorio. Es verdad que su salud, para entonces, se encontraba debilitada, posiblemente como resultado de la radiación a la que estuvo expuesto durante su investigación. Cruzó una calle parisina cuando una carreta iba cruzando y el científico resbaló. Su cuerpo pudo librar el paso del caballo, pero su cabeza se encontró con una de las ruedas de la carreta, terminando de forma inmediata con su vida. Marie se enteró del evento hasta ya casi terminado el día, y pareciera que su vida terminó entonces.

“Pierre mío, la vida es atroz sin ti, es una angustia sin nombre. Desde que no estás, hace ya dieciocho días, no he dejado de pensar en ti ni un solo instante, salvo cuando dormía”. Desde la muerte de su esposo, Marie comenzó a escribir su diario como si fueran cartas a Pierre. En él le cuenta sus penas, sus recuerdos, las nuevas noticias, la vida con sus hijas y su suegro (quien vivió con Marie desde el matrimonio y hasta que el señor falleció), y las situaciones de la universidad.

Fue Pierre quien peleó el muy merecido premio Nobel de Marie, a quien La academia sueca se lo quería negar por su condición de género, convirtiéndose así en la primera mujer en conseguir este galardón. Fue por la muerte de Pierre que Marie tomó su lugar en la Universidad de la Soborna, razón por la cual se convirtió en la primera mujer en ocupar un puesto de este tipo en dicha institución. Y fue gracias a Pierre a que Marie conoció el amor verdadero, la compañía y la felicidad más grande. De su matrimonio, Marie fue madre de dos mujeres, Irene y Eva, la primera también galardonada con un Nobel.

Para saber más sobre el diario que Marie Curie escribió a raíz de la muerte de su Pierre, y de su vida en general, desde su nacimiento hasta su legado, los invitamos a leer “La ridícula idea de no volver a verte”, escrito por Rosa Montero. En este trabajo podrán adentrarse en la comparación de dos situaciones similares entre la autora y Marie Curie pero, sobre todo, sobre la fascinante vida y trayectoria de la mujer polaca que ha abierto camino en la ciencia a miles de mujeres en todo el mundo.
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Ficha del libro: Montero, R. (2013). La ridícula idea de no volver a verte. Barcelona, Seix Barral.

Imagen de la portada del libro, tomada de este sitio.

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